la Propuesta de Consulta para el Congreso General de 2003
Propuesta de Consulta durante el Congreso General de 2003
La misión de la Iglesia: hacer justicia, lograr la paz, ser responsable
Nosotros, los que constituimos el panel de La Consulta, venimos al Congreso General de Minneapolis convencidos de que esta es una coyuntura crítica para la Iglesia. Nos hallamos en un mundo y en un país que, otra vez, ha recurrido a la violencia para hacer la paz. La violencia podrá crear el orden, pero no conduce a la paz. Los que somos parte de la Iglesia sabemos que eso es la verdad. Constituye el meollo de las enseñanzas de Jesucristo, la revelación de la cruz y la resurrección. Solamente la justicia puede traer la paz. La paz solo se logra con la justicia. Rogamos porque en Minneapolis la Iglesia Episcopal exprese con claridad esta verdad. El planeta y nuestro país lo necesitan urgentemente.
Nos regocija que la Iglesia haya reanudado su énfasis en la misión. La ocupación con la misión nos convierte en discípulos radicales, mujeres y hombres a quiénes Jesús ha tocado en lo más profundo del ser para convertirnos en agentes de cambio por el mundo. Aceptamos el crecimiento de la Iglesia, pero rechazamos el enfoque en el mismo si a la vez no se hace énfasis en el apostolado radical. La espiritualidad, el evangelismo y la justicia tienen que ocurrir en partes iguales en una Iglesia que se esfuerza por conseguir la unidad y dar testimonio de transformación.
Este es el momento de valor y riesgo en la Iglesia; del valor para lograr la justicia y la paz. La paz /shalom/salaam debe ser nuestro objetivo y no una unidad simplista que incluye a algunos a costas de otros. Si, en este momento histórico, la Iglesia Episcopal elige proteger la unidad en vez de la justicia no solo dejará pasar la oportunidad de dar fe de un modo diferente en un mundo violento y dividido si no que se condenará al mero mantenimiento institucional como misión principal, y eso solo conducirá a su destrucción. Si le fallamos al colectivo y no hacemos justicia, estaremos alentando el sectarismo como única manera de lograrla.
Otro asunto significante inmediato para la misión de la Iglesia es la responsabilidad. Muchos asuntos relacionados con la justicia se han convertido en asuntos de responsabilidad según hemos ido lidiando con ellos a largo plazo. Ejemplos de ello son el racismo, el sexismo y el heterosexismo.  Para lograr la justicia y la paz en la Iglesia Episcopal y el mundo, tenemos que ser responsables los unos con los otros.
Hace27 años la Iglesia fue a Minneapolis en otro momento de crisis. Entonces, le permitió a Dios que la transformara. No cabe duda de que hoy estamos en situación similar. La interrogante primordial es si nosotros, en gracia de Dios, tenemos el coraje para permitir que Él continúe la labor de transformación Le ofrecemos a la Iglesia las maneras siguientes de adelantar la misión de Dios, hacer justicia, lograr la paz y ser responsable.
Hacer justicia
Las libertades civiles
El gobierno de los Estados Unidos ha legislado para restringir las libertades civiles como medida para frenar el terrorismo. A ciudadanos estadounidenses y de otros países les rodea un ambiente hostil en nuestro país mientras se les violan sistemáticamente los derechos individuales y sus hogares y familiares se convierten en blancos de informantes y de vigilancias secretas. Hay individuos a quienes el gobierno estadounidense mantiene bajo arresto prolongadamente sin permitírseles la comunicación con un abogado o con sus familiares. Además, a las personas de origen musulmán o árabe, o de esa apariencia, se les restringen los derechos migratorios y personales. Esos son actos deplorables y exhortamos a la Iglesia a que asuma una posición firme en su contra.
El compromiso contra el racismo
Uno de los compromisos primordiales de los integrantes del panel de la Consulta es la creación de una visión de la Iglesia sin racismo: la Iglesia para todas las razas y todos los pueblos. Nos comprometemos a que en toda adoración, programa y apoyo [defensa] de la Iglesia se incluya el modelo de inclusión y respeto a todas las personas. Hacemos un llamado a toda la Iglesia a que haga lo mismo.
Reforma de la justicia penal
Exhortamos a todos a que se retome la oposición a la pena de muerte, que por tanto tiempo ha tenido la Iglesia. Felicitamos al ex gobernador Ryan de Illinois por haber conmutado las penas de todos los condenados a muerte en ese estado. Exhortamos a otros gobernadores y al Presidente a que lo imiten. Pues la pena de muerte no deja de ser un castigo que se aplica de manera racista e injusta en los estados y en el país. Hacemos un llamado a la reforma del sistema penal que incluya el cese de la construcción de prisiones, la reforma de cómo se dictan sentencias y que se haga justicia curativa, para que el sistema penal sea más neutral en cuanto a lo racial.
La bendición de las uniones no tradicionales
La Consulta apoya enfáticamente la petición de que el Congreso General apruebe el proceso mediante el cual se cree un Libro de los oficios ocasionales para bendecir la unión de dos personas entre las cuales existen relaciones de reciprocidad y fidelidad, y para quienes el matrimonio no es dable. Ya es hora de que este asunto se resuelva entre nosotros, no solo porque es justo si no también en aras de la misión de la Iglesia y de su futuro. El debate continuo e interminable de este asunto sólo debilitará la Iglesia. La creación de un Libro de los oficios ocasionales sería un acuerdo que permitiría el progreso hacia un consenso nacional para algunos, mientras otros continúan dilucidando cuál sería el lugar de las parejas que no están casadas, dentro de sus respectivas congregaciones y diócesis.
Justicia ambiental
Estados Unidos y la Iglesia encaran un momento crítico respecto de la administración y la justicia ambiental. Estados Unidos cuenta con 4% de la población mundial y produce el 25% de los gases que causan el efecto de invernadero debido a su consumo de energía. Exhortamos a la Iglesia a que reduzca su parte de las emisiones de esos gases, a que actúe para que Estados Unidos adopte el Protocolo de Kyoto de la Organización de las Naciones Unidas y que encabece el compromiso con la sociedad para la conservación de energía y el uso de energía renovable. Ello contribuiría además a un aire más limpio y a la reducción del asma entre los niños pobres que viven en los centros urbanos. Esto es fundamental si se quiere destruir el racismo en el país y dentro de la Iglesia.
El agua escasea en todo el mundo y ello causa tensiones y la privación de ese líquido limpio para millones de personas. Exhortamos a la Iglesia a que sirva de ejemplo en la conservación de agua y que promueva el desarrollo internacional que enfatice el acceso de todos al agua. La producción de sustancias químicas venenosas amenaza la vida y el grueso de los desechos y almacenes de estas se encuentra en las comunidades donde viven las minorías raciales y étnicas. Exhortamos a la Iglesia a que apoye legislación a favor del principio de que "quien contamina paga", que se una a las campañas en pro de la justicia ambiental y que actúe al adquirir materiales y al administrar las plantas físicas en parroquias y diócesis. La Iglesia puede ser ejemplo de un estilo de vida ético que beneficie a la Tierra de Dios, que debemos cuidar para el bienestar de todos los que la habitan hoy y los que la habitarán en el futuro.
El status de la mujer
El asunto de la paga desigual para las mujeres del clero y los continuos problemas de empleo en muchas diócesis son asuntos que requieren atención urgente. Los salarios anuales de las mujeres en todas las categorías de empleo en la Iglesia son desde $5,000 hasta $9,000 por debajo de los de los hombres.
Aplaudimos el esfuerzo que ha hecho el Comité del Status de la Mujer para destacar los efectos del fundamentalismo religioso en la vida de las mujeres en todo el mundo. El fundamentalismo afecta a todos, pero sus víctimas principales son las mujeres y las niñas a causa de la imposición de las "burkas", la mutilación genital, la ausencia de educación, la epidemia de violencia y de los actos de violación y el contagio con el VIH y el SIDA en todo el mundo.
La justicia económica
La Consulta clama por que la Iglesia labore en pro de la justicia económica con una campaña para lograr el apoyo al salario que permita una vida digna a los trabajadores en todos los estados y municipios, y para que se aumente el salario mínimo federal a $8.70 por hora, que constituye el ingreso por hora definido por el gobierno federal como a nivel de pobreza. Respaldamos las resoluciones presentadas ante el Congreso General para que la Iglesia aumente los salarios de sus trabajadores y participe de campañas para la consecución de la justicia laboral. Esto es asunto que requiere atención urgente dentro de la Iglesia respecto de sus empleados y, en particular, de  sus empleados legos.
La Consulta hace un llamado a la Iglesia, y en particular a su Fondo de Pensión, para que busque el modo de invertir en el Fondo Prestatario para la Justicia Económica, para que incremente su portafolios. Elogiamos el trabajo que ha venido desempeñando el Comité del Fondo Prestatario para la Justicia Económica y sus asociaciones recientes con las cuales se proveen fondos para proyectos comunitarios que sirvan para remediar necesidades económicas. Además, alentamos a las diócesis que buscan la formación de cooperativas de crédito para acercarse a las personas de escasos recursos. Recomendamos la lectura del panfleto publicado por la Red Episcopal para la Justicia Económica (ENEJ por sus siglas en inglés) que trata de la inversión social, La inversión en las comunidades: alternativa para las congregaciones religiosas que buscan la ganancia social y económica. En fin que alentamos a quienes buscan la creación de pequeños fondos prestatarios y apoyan el enriquecimiento económico de las comunidades pobres.
También elogiamos los materiales educativos de la Red Episcopal para la Justicia Económica que con Unidos por Una Economía Justa se produjeron para que las personas de fe entiendan la naturaleza de la economía mundializada y las desigualdades que son parte de su estructura. Pedimos a la Iglesia que junto a la Cámara de Obispos se ocupen de reparar las estructuras sistémicas de pobreza e injusticia que son parte de nuestra economía.
El ministerio bautismal en la Iglesia pluricultural
Apoyamos vehementemente la revisión del Título III para que incluya una cláusula antidiscriminatoria al Canon 1, "Del ministerio para todos los bautizados" Por el bien del futuro y la misión de la Iglesia, se debe eliminar la discriminación racial, por color de piel, origen étnico o nacional, sexo, estado civil, preferencia sexual, impedimento físico o edad, para facilitar el ministerio por parte de todas las personas bautizadas, incluso los ordenados. Ello adquiere mayor importancia con la elección del Reverendo Canónigo Gene Robinson para Obispo Coadjutor de New Hampshire, cuya confirmación La Consulta exhorta.
La revisión del Libro de oración común es asunto de justicia que la Iglesia sigue enfrentando. Eso es también muy importante para la existencia de la misión de la Iglesia en el futuro. Un lenguaje de inclusión para la adoración jugará un papel importante para que la Iglesia sea verdaderamente pluricultural y servirá de base para un evangelismo con visión certera.
Apoyo al Mundo
La Consulta pide a la Iglesia que continúe con el apoyo a los programas para el reasentamiento de los inmigrantes, con énfasis en la necesidad de que las parroquias y diócesis se involucren en los esfuerzos para llegar a los Ministerios Episcopales para Inmigrantes y prestarles su ayuda en cada diócesis.
Respaldamos la Comisión Permanente para Tratar las Preocupaciones de la Iglesia Anglicana por la  Paz y la Justicia Internacionales en su llamado a establecer una campaña en África y darle fondos como respuesta la gran necesidad humanitaria en ese continente. En principio creemos que la Iglesia debe comprometerse a duplicar las subvenciones para subsanar las necesidades humanitarias a la vez que establece metas para duplicar la feligresía.

Lograr la Paz
La guerra es injusta
A La Consulta le preocupa seriamente que Estados Unidos se haya convertido en una nación abiertamente agresora. Desde el 11 de septiembre de 2001, el gobierno de Estados Unidos le ha declarado la guerra al terrorismo internacional y ha encabezado golpes preventivos contra Afganistán e Irak. En nuestra nación se ha llegado a creer que los asuntos y las causas del terrorismo internacional se pueden eliminar con violencia y fuerza abrumadora. El resultado ha sido la pérdida de muchas vidas de civiles y militares por todo el mundo, la destrucción de ambientes naturales y su consecuente contaminación con radiactividad debido al empleo de armamentos que contienen uranio reducido, la pérdida de socios y amigos internacionales y los efectos negativos en la economía nacional de gastos enormes para sustentar la guerra y de las reducciones de los impuestos para los ciudadanos más ricos del país. Muchos de la oficialidad religiosa y seglar consideran estos actos por parte de Estados Unidos inmorales, injustos y en violación de las leyes internacionales.
Esencialmente, no creemos que exista una "guerra justa", porque la violencia nunca llevará a la justicia o a la paz. La Iglesia debe expresarse claramente, como lo ha venido haciendo por mucho tiempo, que "la guerra como medio para saldar disputas internacionales no es compatible con las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo", según se estableció en los congresos de Lambeth de 1930, 1948, 1958 y 1978; y en el Congreso General de 1982.
Insistimos en apoyar la objeción por conciencia como una alternativa válida al servicio militar y llamamos a la Iglesia Episcopal para que dé su respaldo a la disponibilidad de materiales que traten ese tema y provean personas que sirvan como recursos para esa decisión. En vista de la agresión presente por parte de Estados Unidos, nos preguntamos si la participación por conciencia en las fuerzas militares es aún una opción ética para los episcopales.
Nos preocupa mucho la situación en Colombia, Corea, entre Palestina e Israel, Vieques en Puerto Rico, Sudán y en otros países. Exhortamos a Estados Unidos a que reduzca la presencia y ayuda militares y que incremente la humanitaria. Creemos en la necesidad de aumentar la asistencia humanitaria en Afganistán e Irak dadas las promesas hechas a los pueblos de esos países, antes de las respectivas guerras.
La década sin violencia
En esta "Década Sin Violencia" respaldamos que se hagan estudios sobre la  paz y la justicia y la educación para el trabajo con todas las organizaciones, incluso las escuelas y universidades episcopales. Exhortamos a que se apoye el esfuerzo para fomentar el Juramento Contra la Violencia que hace el Comité del Status de la Mujer y su trabajo para que se adopte un modo de tratar los asuntos de la guerra y la paz. Exhortamos a que se apoye "De la Violencia a la Integridad" y que a ese programa se le nombre, defienda y promueva como proyecto educativo de toda la Iglesia y parte fundamental de su misión.

Ser responsable
Responsabilidad con la misión
Creemos que la responsabilidad dentro de le Iglesia Episcopal requiere un compromiso continuado entre sus oficinas centrales y las personas, los grupos y todos a quienes sirven sus programas. Esta también requiere transparencia al hacer decisiones, al hacer y utilizar los presupuestos por parte de los que reciben subvenciones, además de la generosidad en el uso de los abundantes recursos de la Iglesia Episcopal por todo el país.
La exigencia de responsabilidad es también para que se tomen en serio las promesas hechas por la Iglesia de dialogar y tratar asuntos que causan divisiones, para que se respete y se le dé cabida y continuidad al trabajo de apoderamiento por parte de los sectores "étnicos" en el Centro Eclesiástico; para que la responsabilidad sea mutua con respecto a asociados en el extranjero por haber la necesidad de responsabilidad fiscal para obtener un mayor apoyo por medio de subvenciones.
Hacer realidad la actitud en contra del racismo
Por los pasados doce años, a partir del Congreso General de 1991 en Phoenix, la Iglesia Episcopal se ha involucrado en una variedad de capacitaciones con el propósito de erradicar el racismo. Estas se han hecho para llamar la atención de nuestros hermanos y hermanas de la Iglesia y que tomen conciencia. Durante el Congreso General pasado se aprobó ese compromiso de continuar esos trabajos hasta el 2009.
Debemos continuar esas labores, si nuestra Iglesia tiene un compromiso verdadero con el llamado a crear iglesia y sociedad sin racismos y pluriculturales. Sin embargo, debemos también empezar por cambiar las estructuras que son parte de una sociedad racista. Es esta una tarea larga y ardua que ha de requerir mayor y más intensa capacitación. Tenemos que comprometernos con el fin y el renacer como Iglesia para que los individuos puedan rehacerse como personas que reconocen la influencia que ejercen sobre los demás, con la voluntad de abdicarla para llegar al pluriculturalismo que la sociedad no sea racista.
Presupuesto dependiente de la misión y la responsabilidad
No nos faltan los recursos para llevar a cabo un diálogo importante. Tenemos el talento para expandir los ministerios a los diversos grupos culturales de la Iglesia Episcopal. No carecemos de la fibra moral ni de los recursos económicos para atender las necesidades de la Iglesia por todo el mundo.
No somos pobres ni debemos pensar como pobres, en particular cuando hay programas de la Iglesia que se verán afectados adversamente por las reducciones del presupuesto que se están proponiendo. Con tal abundancia debemos identificar y mejorar los programas buenos y subvencionar con generosidad las iniciativas importantes, antes del Congreso del 2003. El presupuesto que se está proponiendo se titula "Presupuesto dependiente de la misión". Que así sea en la realidad.
La ordenación de mujeres
La Consulta se ha entre los que se han consternado al ver la falta de habilidad o de voluntad del Concejo Ejecutivo para asistir a las diócesis de Fort Worth en Quincy y en San Joaquín para que cumplan con los cánones nacionales. La Resolución A045 del Congreso del 2000, les dio la responsabilidad de lograr la aceptación de las mujeres en todos los procesos relacionados a la ordenación y el empleo. No lo han cumplido. Rechazamos la sugerencia del Concejo Ejecutivo de que el Congreso General estudie el tema de la ordenación de mujeres para el Congreso del 2006. Ya habrán pasado 30 años desde que se revisaran los cánones para incluir a las mujeres en todos los aspectos de la Iglesia.
Nos preocupa el que aún exista el sexismo en la Iglesia. Una manifestación de esta lucha constante ha sido la discusión reciente acerca de la escasez de candidatas para elección episcopal. Aquí hay asuntos graves con respecto a la forma en que se lleva a cabo el proceso eleccionario y la percepción de una Cámara de Obispos dominada por hombres cuyas actitudes, estructuras y modos de relacionarse entre sí hacen que las mujeres no quieran ofrecerse para posiciones electivas. Llamamos a la Cámara de Obispos a que comisionen una revisión del proceso electoral episcopal y hagan un inventario deliberado de su propio sexismo.
Un plan 20/20 pluricultural e integral
Exhortamos a que la Iglesia, con la iniciativa 20/20, vea su potencial de crecimiento y de desarrollo de la congregación en el aumento demográfico de las poblaciones étnicas. La iniciativa 20/20 debe, en verdad, estar basada en el Convenio Bautismal y la Gran Comisión (Mateo28:19-20) 28:19-20).
Es necesario que Desarrollo de la Congregación esté menos fragmentada y más integrada, o sea, que se necesita que reclamemos la paz y la justicia, la misión y el alcance social como partes que forman un todo en el desarrollo de la congregación. Además, el apoyo debe ser parte de cualquier proceso de "desarrollo de la  congregación" que merezca llamarse como tal.
Necesitamos fomentar el comienzo, desarrollo y fortalecimiento de las congregaciones étnicas en las localidades. La iglesia local es la esperanza del futuro para incrementar la feligresía, para viabilizar la economía de la Iglesia y desarrollar líderes Con tal fin, toda publicación y material impreso que salga del Centro de la Iglesia Episcopal debe estar a disposición en varios idiomas. Es necesario que las Oficinas para Colocaciones sean objeto de un examen minucioso respecto al empleo de personas de las minorías étnicas y raciales. Es necesario que las diócesis examinen las prácticas para la ordenación y los procesos para el desarrollo de los ministerios. Los seminarios deberían estar sensibilizando personal con respecto a la diversidad cultural y establecer un ministerio deliberadamente para atender a los adolescentes y a los adultos jóvenes de las minorías étnicas. Si hemos de ser una Iglesia verdaderamente pluricultural, no podemos continuar haciendo las cosas como hasta el presente.
Sin respuesta a A001
Deploramos que el Concejo Ejecutivo no vigilara ni informara el progreso hacia la contribución del 0.7% del ingreso neto disponible del presupuesto para la realización de pequeños proyectos económicos, según lo requiere la Resolución A001 del 73º Congreso General.
Responsabilidad en todos los niveles ministeriales
La Consulta concuerda que el diaconato es central para la misión de la Iglesia. Apoyamos las revisiones propuestas para el Título III de los cánones, especialmente los que permitan la ordenación directa al sacerdocio. Estas revisiones hacen claro que el bautismo es la fuente de todo ministerio, pues confiere a todos los Pueblos de Dios el llamado y los medios para servir al mundo. Porque es una orden en pleno de la iglesia, el diaconato tiene igual dignidad que las demás. Estamos minimizándola cuando la usamos como aprendizaje para el sacerdocio. Aplaudimos las revisiones propuestas que proveerán mayor flexibilidad en la preparación para la ordenación, pero nos preocupa mucho la posible erosión de las normas para el estudio teológico.
Inclusión total de los homosexuales y las lesbianas
Desde sus principios, La Consulta ha defendido la inclusión total de homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgéneres en la vida de la Iglesia según el deseo expresado en el Congreso General de 1976. Llegó el momento de que, como Iglesia, no solo reconozcamos los ministerios vitales a homosexuales y lesbianas, si no también que bendigamos las relaciones que les sostienen. La bendición y la justicia son conceptos bíblicos inseparables, según reza la Declaración de Reclamo de la Teología de la Bendición Este es un asunto de responsabilidad hacia una promesa de casi 30 años.
Hacer justicia, lograr la paz, ser responsable
Creemos que estos tres llamados a la acción ofrecen verdadera esperanza para el futuro de la misión de la Iglesia. Pues al final, las cifras nunca contarán la historia de la Iglesia. Ni tampoco las promesas. Pero sí los resultados de la misión. Los resultados de hacer justicia, de lograr la paz y de ser responsables los unos con los otros. Si hacemos estas cosas, no tendremos que preocuparnos del incremento numérico, pues nos habremos transformado, y una Iglesia transformada es una Iglesia que atrae a la gente.